lunes, 4 de junio de 2012

Una vez soñé un mundo,
en el que las cosas pequeñas valían más que las grandes,
en el que los recuerdos de todos eran felices,
y no existía la tristeza.

Una vez soñé un mundo,
en el que no existía el dinero,
en su lugar se utilizaban las sonrisas,
pues más rico era, quien más felicidad sentía.


Una vez soñé un mundo,
sin hambre ni pobreza,
sin un alma sin cabeza,
sólo indicios de grandeza.


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